Betis – Alavés: la cara del ganador (3-2).


Betis – Alavés: la cara del ganador (3-2).

Ustedes, que despertaron a sus vecinos con un grito rotundo cercano a la medianoche, sonríen hoy en el «buenos días» y se frotan las manos pensando que el presente proyecta un futuro espléndido. El fútbol. Cauteriza heridas y dibuja de colores las mañanas. Las hubo de pesadilla pero ya quedan lejos, como un recuerdo difuso. Este 2021 está pintado de verdiblanco. Tiene la cara del ganador. Como si hubiera querido hacer el más difícil todavía, probarse a sí mismo, le dejó metros de ventaja a su rival para completar una remontada que es un discurso. Un tratado de lo que sabe hacer este equipo, de la fe que despliega, de la confianza que alberga, de la capacidad que muestra. El Betis se ha vestido de implacable acumulador de puntos. Cuarta victoria consecutiva. El Alavés subió demasiado alto y fue dura su caída. Escaló sobre los errores de Sidnei y Miranda en una primera parte atroz de los locales. Pero apareció la unidad de intervención. Los que salen del banquillo a arreglar los problemas. La mano de Pellegrini. Le tocó estas vez a Joaquín y Borja Iglesias. El gallego ha recuperado la varita. Se ha montado en la racha del gol. Lo que es la confianza. Responsabilidad en el penalti y cabezazo demoledor. Laguardia se arrodillaba lamentando la suerte de su equipo ante el arrollador Betis. Y Joaquín. Díganle a sus nietos que vieron a un trozo enorme de la historia del Betis cabalgando con el 17 a la espalda. Es un monumento a sí mismo. Ese cabezazo lo hubiera firmado cualquier nueve. La suma de todos ha plasmado en la tabla una cifra demoledora: 42 puntos. Distancia más que suficiente con el séptimo, a tres del quinto y con un derbi a las puertas para el que nunca hay pronóstico.

El Betis honra los 90 minutos de los partidos porque se adueña de los tramos finales para acercar las alegrías a su trinchera. No le den por vencido jamás. El Alavés se encontró con un botín inesperado, que no inmerecido, alimentado por los errores graves de Sidnei y Miranda. Efectivo, el cuadro vasco quiso gestionar su renta pero acabó agarrado a la columna, desnudo y sin casa ante el ciclón que se lo llevó todo. Antes, los descreídos se bajaron del barco en ese descanso en el que Pellegrini cocinó la remontada. Las críticas arrasaban con lo que venía construyendo el equipo en este tiempo tan feliz. Ya nadie valía para nada, todo estaba en cuestión. Pero esto no había acabado. Con el Betis no hay final hasta que no se escuche el triple pitido. En el reloj de Alberola Rojas quedaban 45 minutos por disputarse. Tiempo suficiente.

El banquillo del Betis aprovecha bien el desgaste rival. Sabe dónde hacer daño. Si Aitor y Emerson pisaron casi la misma zona y Juanmi no inquietó a los centrales, ahí estaban Joaquín y Borja para leer las instrucciones de manejo. Juanmi tuvo el gol pero se le agolpó una mezcla de inseguridad con generosidad. Fekir llevaba un rato con la moto arrancada, pidiendo el balón atrás para sacarla jugada y paseándose en la frontal atrayendo atenciones. Canales bajó unos metros por Guardado para salir del bosque de piernas y generar juego con todos por delante. Pero mientras las piezas se iban ajustando Joel salvó ante Pellistri el que se cantaba como 0-3. El aviso obligó a otro paso más. Y con el balón en el área rival siempre van a pasar cosas. Como que Duarte piense que va a despejar y se encuentre con la pierna de Fekir. Penalti. Toma el peso de los once metros Borja Iglesias y 1-2.

El campo se ponía cuesta abajo hacia la meta de Pacheco. El Alavés ya no salía. La remontada estaba escrita. Fekir la pedía una y otra vez. Iba tocando todos los costados para ver dónde dolía más. Abelardo hace cambios defensivos. William y Tello al campo. La pelota corre más. Córner rápido de Canales y cabezazo estratosférico de Joaquín superando a Duarte en el salto. Pacheco la toca en la escuadra pero sólo hace más bella la instantánea. El 2-2 no es suficiente. Queda tiempo. Borja recibe y abre a la derecha en un contragolpe motivado por el desorden de un Alavés desesperado. Emerson cabalga y centra para que el gallego la peine a gol. Éxtasis. El Betis sabe y puede. Le sale lo que busca y encuentra el premio que tan feliz hace a quienes gritaron anoche en verde, blanco y verde.

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