Cualquiera puede ganar a España.


Cualquiera puede ganar a España.

Esto es España, una selección que hace un mes rascó un punto de mérito y orgullo en Alemania y que ayer, sin saber cómo, perdió contra una Ucrania de mediopelo a la que le faltaban siete titulares, un petardazo que se justificara en la falta de colmillo, pero que confirma la volatilidad de este equipo todavía inmaduro y que no termina de emocionar. En cualquier resumen se verá el carrusel de oportunidades que malogró el combinado nacional, pero de Kiev regresa con la sensación de que cualquiera le puede ganar, y eso es un problema de los gordos. Manda todavía en su grupo de esta Liga de las Naciones, pero eso, realmente, importa más bien poco.

Comparado con el sopor del pasado sábado en Valdebebas, España tuvo otra cara en Kiev, algo más animada y alegre, aunque con el problema sistemático del gol, con el que ya se cuenta de antemano por mucho que se ahonde en la materia. La selección marca muy poco, le cuesta horrores llegar a la red, y puede que en su día le bastara incluso con lo justo para ganar el Mundial (desde octavos, todo terminó 1-0 en Sudáfrica), pero este equipo ya no tiene nada que ver con aquel, así que urge encontrar un remedio a ese mal endémico. Cabe pensar que algún día saldrá el sol, pero no hay un rematador que resuelva este tipo de partidos, fundamentales también esos delanteros con instinto para los torneos serios. A la idea, en esencia, le falta la sal, y no se levanta ningún trofeo por el mero hecho de jugar bien.

Buschan, el héroe.

Porque se puede decir, y es justo reconocerlo, que hay momentos interesantes y que el plan existe. Con Luis Enrique, España tiene mucho protagonismo en los partidos y anoche mejoró notablemente con respecto al duelo ante Suiza, trenzando bien desde el inicio y con la portería de Buschan entre ceja y ceja. Buschan, por cierto, es el cuarto portero de Ucrania, titular porque los otros han caído por coronavirus, y fue, con mucha diferencia, el mejor de su equipo en un primer tiempo en el que realizó tres muy buenas paradas a remates de Rodrigo, Ansu Fati y Sergio Ramos. También se lució en la reanudación y prolongó la agonía hispana, que chocaba una y otra vez con el muro local.

Eso significa, en parte, que la selección trianguló y llegó al área con cierta facilidad, bien equilibrado el centro del campo con el ímpetu de Rodri y con el refuerzo de Mikel Merino. Adama Traoré, titular en su segunda noche de rojo, volvió a agitar desde la banda y demostró que tiene un desborde que le hace único en su especie. Coge la pelota, acelera como un bólido y tumba a todo a aquel que se le pone por delante. Como la pone luego ya es otra cosa, pero activa al personal, de eso no hay duda. Como socio de ataque tuvo a Rodrigo, que sigue sin hacer lo que tiene que hacer un delantero (goles, básicamente), y a Ansu Fati, algo decepcionante en sus dos últimas actuaciones con España. Paciencia con él, claro, pero…

Paradójicamente, el descanso sentó fatal a España y se presentó dormida en el campo después de la charla. No sufrió en el primer acto más allá de una incursión de Ucrania que bien pudo terminar en penalti porque Navas derribó claramente al intrépido Zubkov, y tampoco se puede decir que pasara apuros después, pero perdió el hilo y tardó en encontrarse. Después de un cuarto de hora de zozobra, por fin recuperó el tono y dispuso de un puñado de ocasiones casi consecutivas que terminaron por encumbrar a Buschan, héroe nacional.

Era cuestión de esperar, tenía que llegar el tanto, y sin saber cómo la fiesta fue de Ucrania, que hizo diana en su primer intento. Un pelotazo largo del portero, Reguilón que no encima a Yarmolenko, Pau Torres que queda demasiado lejos de Tsygankov, Jesús Navas que rompe el fuera de juego y De Gea que, incomprensiblemente, se queda a media salida. Así, sin más, se le hace daño a este equipo, al que no se le puede reprochar que no lo intentara hasta el final, pero que cierra esta ventana de octubre con un gol, y de regalo, en tres partidos. Es, y cuesta decirlo, una más del montón.

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