España se venga de Italia con una victoria de lujo y jugará la final de la Nations League.


España se venga de Italia con una victoria de lujo y jugará la final de la Nations League.

La selección española de fútbol superó a Italia (1-2) en la reedición de la última semifinal de la Eurocopa, aunque acabó pidiendo la hora. Los de Roberto Mancini llegaban como vigentes campeones continentales y 37 partidos sin perder (desde septiembre de 2018) pero enfrente se encontraron a los de Luis Enrique y un plan que se vio desde el mismo once inicial: Gavi, con 17 años y 62 días, se convirtió en el futbolista más joven de la historia en debutar con la absoluta.

La apuesta de los campeones quedó clara desde el primer minuto: intentar ahogar la salida de los españoles y probar desde fuera. En menos de 10 minutos, Unai Simón ya tuvo que despejar dos balones, especialmente uno con mucha intención de Federico Chiesa desde la frontal.

La reacción de España fue inmediata. El trío de ataque (Sarabia, Ferrán y Oyarzabal) neutralizó el arranque italiano con un conato de oportunidad de gol cuyo remate del realista se perdió en un mar de piernas de los defensores. La banda derecha de un sobrepasado Di Lorenzo podía ser una buena zona para atacar.

Y se confirmó al momento. El lateral del Nápoles perdió un balón en el centro del campo, obligó a Bonucci a echarse encima para cubrir y la mayor velocidad de Oyarzabal acabó en un centro que, con mucha clase, convirtió en gol según venía el máximo goleador de la España de Luis Enrique: Ferrán Torres. Su undécimo tanto. En la siguiente jugada casi llega el 0-2, con un gran disparo de Marcos Alonso desde fuera que se le resbaló a Donnarumma y dio en el palo. Bonucci estaba ahí para evitar el remate a bocajarro y sin portero de Koke.

Con el tanto en contra, Italia empezó a desquiciarse… lo que benefició a España. Los de Luis Enrique aumentaron la presión, empezaron a ‘rascar’ un poco más en cada pugna de balón y el árbitro, el ruso Sergei Karasev, tuvo que poner paz varias veces ante las protestas transalpinas, especialmente de Bonucci que vio amarilla. Le acabaría pesando mucho.

Unai Simón también tuvo ocasión de lucirse. Pasada la media hora, Bernardeschi probó con un disparo letal que el portero rozó lo justo para que se fuera al palo, y en la siguiente jugada Insigne perdonó con un remate que mandó fuera. Italia fraguaba pero no templaba, para desesperación de la grada de San Siro.

El desquicie de Italia le costó caro. Antes del descanso, Bonucci volvió a ver tarjeta tras ir con el codo por delante a por un balón dividido. Impactó contra Busquets y el colegiado, tras recibir la correspondiente charla de los jugadores de azul, no dudó: segunda amarilla y expulsado.

Y con uno menos, y no uno cualquiera, a España le salió todo redondo: otra jugada por la banda izquierda, otro centro largo de Oyarzabal y de nuevo estaba ahí Ferrán Torres para hacer, esta vez de cabeza, el 0-2.

La confirmación del plan de Luis Enrique.

La segunda parte de España arrancó con el otro ‘niño’, Yeremi Pino, en el campo por el bigoleador del día, que se retiró lesionado con un golpe en el empeine. Poco tardó en demostrar su clase, cuando puso un balón muy certero en la cabeza de Oyarzabal que se fue desviado por centímetros. Emerson aún está buscando por dónde le tumbó el del Villarreal.

Con una España muy cómoda y asentada, Italia buscó la reacción en acciones sueltas, como una contra que culminó en un disparo de Chiesa al palo. Pero poco más. De hecho, conforme avanzaban los minutos más se desquiciaban, como se vio en una protesta exagerada por una falta de Yeremi que le granjeó su primera amarilla como internacional.

El meneo de España no se completó con el tercer gol por poco, ya que Marcos Alonso (otra apuesta de Luis Enrique para esta concentración) rozó la guinda con un disparo a bocajarro que Donnarumma sacó como pudo.

Italia es mucha Italia.

No se llega a ser campeona de Europa por fortuna, sino por tino, e Italia lo demostró con el 1-2. Un balón perdido en el área propia acabó en el centro del campo, y un débil Pau Torres no pudo hacer nada para evitar que Chiesa llegase solo al área de Unai con comodidad. Pellegrini, al que asistió, sólo tuvo que empujarla.

Los quince minutos restantes (diez de partido y cinco de descuento) se hicieron eternos para los de Luis Enrique, que corría como un león enjaulado en el área técnica dando órdenes.

Más información: 20 MINUTOS.