La nueva norma que puede cambiar el rugby para siempre.


La nueva norma que puede cambiar el rugby para siempre.

Veinte mil aficionados en las gradas abrazándose chocando sus vasos de cerveza y unos jugadores como locos después de haber ganado un partido en el último minuto. La imagen podría corresponder a cualquier espectáculo deportivo celebrado antes de marzo de 2020, pero, afortunadamente, es de ayer mismo: en Dunedín (Nueva Zelanda) se reanudó oficialmente la competición profesional con público en las gradas después de la pandemia.

El hecho de que en las antípodas la incidencia del virus haya sido casi testimonial (solo se han producido veintidós fallecimientos en una población de cinco millones) ha motivado que las autoridades decidieran recuperar la normalidad a marchas forzadas. Y qué mejor manera de hacerlo que con su deporte nacional por excelencia: el rugby. El único problema que se les planteó es que, a estas alturas, sus equipos no tenían dónde competir.

Estrategia doméstica.

Cuando saltaron las alarmas internacionales se suspendió la temporada del Super Rugby, la competición que vibra con los mejores clubes del hemisferio Sur (Argentina, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica). De manera que las cinco franquicias kiwis y las cuatro aussies decidieron reaccionar formando unas ligas domésticas para poder recuperar cuanto antes el tiempo perdido. Los maoríes regresaron ayer mismo y sus vecinos lo harán a partir del 3 de julio.

«Es una alegría ver de nuevo un partido como si nada hubiera pasado -comenta Alhambra Nievas, directora de arbitraje de World Rugby- aunque me temo que esta situación es excepcional y que vamos a tardar un poco en verla extrapolada a otros países». La reticencia de la excolegiada granadina se basa en que «allí tuvieron la precaución de cerrar las fronteras muy pronto y apenas les afectó la pandemia, mientras que en el hemisferio Norte lo hemos pasado muy mal. Como cada país lo está viviendo de una manera diferente veo complicado que aquí se puedan abrir los estadios al público en una fecha inmediata», señala. De esta manera, lo más probable es que se reanuden las competiciones a puerta cerrada como están haciendo en el resto de deportes.

Para lo que también ha servido este partido es para poner en marcha las nuevas directrices de la Internacional con las que buscan facilitar el juego rápido y tratar de evitar lesiones. «El rugby está en continuo cambio y probablemente lo veamos algo distinto a partir de ahora -prosigue Nievas-, pues ahora se va a ser muy estricto con el entorno del placaje (breakdown) para tener una mayor atención en la disputa de las pelotas y así tratar de evitar las entradas laterales, que los jugadores no sellen y vayan al suelo parando el juego. Se trata de premiar a los que lleguen antes y quieran jugar la pelota». Con esta norma, además de la seguridad de los deportistas (una de cada diez lesiones se produce en en esas acciones) se potencia el juego rápido, como se vió en el duelo entre los Highlander y los Chiefs, y es algo que ven con buenos ojos los deportistas. Sobre todo si se complementan con otras ideas como reducir el número de melés. «Creo que a partir de ahora el juego va a ser más dinámico, porque en los agrupamientos se pierde muchísmo tiempo, casi la mitad del partido. Como tres cuartos me gustaría mucho esta evolución», indica Cecilia Huarte, jugadora del Majadahonda.

No obstante, hay expertos que ven en los cambios otras motivaciones. «Los jugadores de rugby no van a tener ningún miedo al choque porque lo que echa de menos el cuerpo es precisamente el contacto. Igual se cambia alguna regla aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, porque World Rugby sigue maquillando el rugby a un deporte diferente al que conocemos, pero más televisable», señala el periodista Fermín de la Calle.

Más información: ABC.