La Supercopa de España en Arabia: vino (malo) a 250 euros, pocos españoles y 40 millones para la Federación.


La Supercopa de España en Arabia: vino (malo) a 250 euros, pocos españoles y 40 millones para la Federación.

«Pues aquí estamos», suspiraba este martes a mediodía un directivo del Real Madrid, mientras cruzaba la recepción del hotel Hilton de Yeda. Él, como todos los primerizos en Arabia Saudí, movía la cabeza con asombro cuando en los corrillos se cantaban anécdotas siempre sorprendentes para el recién llegado a esta severa monarquía islámica.

Las dos primeras salas de cine abiertas hace unos meses (y sus sesiones de madrugada en verano para evitar el calor), los discretamente deportados en el Dakar por meter alcohol en su equipaje… Algún periodista, por si acaso, dejó el lunes por la noche en el avión su bocadillo de lomo ibérico sin empezar. No vaya a ser. Las restricciones con el cerdo son serias, aunque nada que ver con los insensatos que se la juegan con la bebida. A las horas de estar en Yeda llega el susurro de que sólo en ciertos circuitos diplomáticos se puede conseguir vino de estraperlo, a 250 euros la botella mediocre. Y el Vodka (malo), a 400.

En el hotel del distrito financiero de Abu Dhabi donde se alojó el Real Madrid los últimos años en el Mundial de Clubes, la cerveza y el whisky se disimulaban en un vaso opaco. Este martes, la simple pregunta al camarero en el Hilton de Yeda ya parecía una afrenta. Sus «no, no» con la cabeza eran anuncio de tortícolis segura. Aquí, para evitar problemas, mejor fumar poderosos habanos y shishas.

Mirando al Mar Rojo, en el flamante paseo marítimo de Yeda, está el Hilton. En el hotel del Real Madrid, el martes transcurrió tranquilo, con menos tensión de seguridad que la prevista por la agitada situación política de la zona, pendiente del pulso entre Irán y Estados Unidos. En el lobby, los huéspedes se encuentran con una fuente coronada por un balón con escudos del club blanco, el mismo que se ve en algunos coches por las grandes avenidas de la ciudad vecina a La Meca. Un cartel con Benzema, ausente por lesión, vigila junto a los ascensores. Dicen en la expedición madridista que tendrán bastante apoyo en las gradas, que casi jugarán como anfitriones en el estadio Rey Abdullah, donde se espera un lleno de sus 62.000 asientos. La afición local compensará el escaso interés de los hinchas españoles por la Supercopa, con poco más de mil entradas vendidas por los clubes a sus socios y abonados. Ni la fecha –en plena cuesta de enero– ni el lugar -arisco por sus leyes poco amables con los turistas- han llenado los aviones rumbo a Yeda.

«Acoger eventos de impacto global forma parte de nuestro plan para convertirnos en un actor importante en la escena internacional deportiva», dice el príncipe Abdul Aziz bin Turki Al-Faisal, la máxima autoridad deportiva del reino saudí. La Supercopa de Italia (dos veces ya aquí), combates de boxeo, exhibiciones de tenis, torneos de golf o la actual edición del rally Dakar, que precisamente arrancó de Yeda el pasado fin de semana, son los ejemplos de la apuesta de Arabia por mejorar su imagen exterior a través del deporte, en un proyecto denominada Vision 2030. Buscan, al mismo tiempo, un turismo que se sume al flujo de millones de peregrinos musulmanes que acuden a La Meca cada año.

INCERTIDUMBRE
La Supercopa de España y el clásico del Camp Nou han sido las dos citas futbolísticas que más incertidumbre han arrastrado desde principio de temporada, cargadas de polémica y dudas, también de amenazas, errantes ambas por el calendario hasta encontrar acomodo definitivo. El torneo que tradicionalmente enfrentaba en verano al campeón de Liga con el campeón de Copa se reestrena en Arabia Saudí en formato de Final Four, con la primera semifinal de su historia cruzando a Valencia y Real Madrid (20.00 h., Movistar). Lo cierto es que los blancos, tras una campaña anterior nefasta, se han encontrado con la posibilidad de sumar un título inesperado, gracias a este insólito formato. Pero el trofeo queda lejos, en la final del domingo, y casi es secundario en este invento de la Federación Española donde prima, por encima del prestigio deportivo, el botín económico. Los cuatro clubes y, sobre todo, el organismo que preside Luis Rubiales se repartirán los más de 40 millones al año que el reino saudí va a pagar por acoger esta cita, firmada por ahora hasta 2022, pero con visos de prolongarse en el tiempo.

Atlético y Valencia intentarán en las semifinales de miércoles y jueves fastidiar al público local el regalo que envuelve la Supercopa, ese Madrid-Barça oficial (ya se jugó uno amistoso en Miami) que LaLiga no ha conseguido exportar por no contar con el visto bueno de la Federación, al considerar que un partido suelto, el que fuera, alteraba la igualdad de la competición. Para salvar este impedimento, la institución (semipública) de Rubiales se ha traído el torneo al completo a Yeda. Segundo viaje del producto en su mandato, tras la prueba de 2018 en Tánger. Entonces el Barcelona adujo problemas de calendario en agosto para forzar que se jugara a partido único, rompiendo el tradicional duelo a ida y vuelta que tantas anécdotas ha dejado.

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