Los antivacunas incendian la NBA.


Los antivacunas incendian la NBA.

Quedan poco más de tres semanas para el inicio de la temporada en la NBA –previsto para la madrugada del 19 al 20 de octubre en España– y Golden State aún no sabe si podrá contar con una de sus estrellas (Andrew Wiggins) para los partidos que dispute en su propia casa. Tampoco lo tienen claro los Nets con Kyrie Irving, que al igual que el alero de los Warriors ha decidido no vacunarse contra el Covid-19. La razón de su posible ausencia no es una lesión de última hora, sino que viene provocada por esa negativa y las normas impuestas por el gobierno local de las ciudades de Nueva York y San Francisco, que obligan a que todas las personas que quieran entrar en un recinto deportivo cerrado estén inoculadas. Un problema que apunta directamente a tres de las franquicias más importantes de la liga –Nets, Warriors y Knicks–, aunque realmente ha incendiado toda la NBA, frustrada porque su vuelta a lo cotidiano no vaya a ser completa por culpa de los antivacunas.

Después de un año y medio de cambios y de problemas provocados por la pandemia, esta temporada que está a punto de comenzar debía devolver la liga cierta normalidad. Regresará al fin el calendario de 82 partidos, también lo hará el público a las gradas de manera general, pero la negativa de decenas de jugadores para vacunarse amenaza con arruinar el inicio de la campaña. La NBAy el sindicato llevan semanas discutiendo los nuevos protocolos, encalladas las negociaciones por la irrupción de los que se niegan a inocularse. Un problema que no pasaría de ser anecdótico si no existieran normas locales que impidieran el acceso al pabellón a los jugadores que no estén inmunizados. Es el caso de las ciudades de Nueva York y San Francisco, donde todos esos que no presenten un certificado válido de vacunación no podrán participar.

Según la estimación del sindicato, un diez por ciento de sus afiliados han decidido no vacunarse por razones morales, religiosas o médicas. Son alrededor de 60-70 deportistas cuya ausencia en determinados encuentros podría provocar un daño muy grande en las franquicias. Son ellas las que tratan de convencerlos, pues el devenir deportivo depende en buena parte de contar con ellos o no.

Protocolos más estrictos.

La NBA anunció el pasado mes de agosto que todos los implicados en el desarrollo normal de un partido –árbitros, trabajadores del pabellón que estén cerca de la cancha, periodistas…– debían vacunarse para esta temporada de manera obligatoria. Todos, menos los jugadores. La presión del sindicato es aún demasiado fuerte y la presencia en él de algunos pesos pesados que no desean vacunarse ha alargado las negociaciones respecto a los protocolos. Quiere la NBA suavizar mucho los controles con aquellos que se hayan vacunado –test de manera casi ocasional para ellos– y endurecerlos para los que no quieran inmunizarse, que estarían obligados a lucir mascarilla y a viajar separados del resto, aunque son extremos estos últimos en los que se sigue trabajando.

Tanto las franquicias como el propio sindicato han llevado a cabo una labor informativa entre los jugadores para tratar de convencerles de las bondades de la vacunación, pero esas charlas no han calado en algunos vestuarios. Defienden esos jugadores su libertad para elegir, aunque la misma choque frontalmente con los intereses de los equipos. Algunos como los Lakers, los Rockets o los Jazz ya han anunciado que todos sus jugadores han sido vacunados. Un alivio que no es completo en la mayoría de las franquicias, golpeadas por un problema inesperado que puede marcar el devenir de la temporada. Un incendio que espera apagar la NBA antes de que el balón se lance al aire.

Más información: ABC SEVILLA.