Una España agridulce atrapa la clasificación en el descuento.


Una España agridulce atrapa la clasificación en el descuento.

España no perdía un partido de fase de clasificación para un gran evento desde octubre de 2014. Estuvo a punto de hacerlo en Suecia, pero para el bien de las estadísticas, y también del prestigio y los nervios de la selección, apareció una bota milagrosa de Rodrigo en el primer minuto del descuento. Era un empate ante Suecia, nada del otro martes. O acaso sí, viendo cuál es la realidad de esta selección, una más, una del montón, capaz de jugar muy bien un rato y capaz de diluirse, de dimitir del partido, durante otro. Le sirve la puntera de Rodrigo, el gol milagroso, para saberse en la Eurocopa del próximo verano sin los agobios que se intuían en los dos partidos de noviembre ante Rumanía y Malta, pero la realidad de España es la que es. Agridulce. Y no convendría engañarse demasiado con este grupo de jugadores y con este entrenador. España llega hasta donde llega. Que no es muy lejos. [Narración y estadísticas: 1-1]

El partido fue un resumen de lo que el hincha español puede esperar de su equipo en estos tiempos inciertos. Un grupo capaz de zarandear al rival durante 25 minutos y capaz también de ser zarandeado en los 20 siguientes. Que lo mismo se pudo poner 0-2 que 2-0. Que no demuestra, porque no la tiene, una superioridad incontestable sobre el rival, en este caso Suecia. Que tampoco demuestra, porque no la sufre, una inferioridad manifiesta ante el mismo rival, en este caso Suecia. España es una medianía, con todo lo que eso supone.

Supone que, en una buena noche, se puede llevar por delante a casi cualquier equipo. Pero supone también que, en su versión media, puede perder también contra casi cualquier equipo. Robert Moreno, un seleccionador que aterrizó en el cargo por un cúmulo de desgracias, ha de enfrentarse a una transición difícil, un periodo realmente complicado de gestionar. Porque la clasificación no peligró en ningún momento -de no haberlo hecho el martes lo hubiese confirmado contra Malta y Rumanía el mes que viene jugando como local-, y, sin embargo, el equipo no transmite nada.

La democratización de las convocatorias, el aperturismo hacia la periferia del fútbol, priva al aficionado medio de una mínima identificación. No hay grandes nombres en esta selección. Algunos por voluntad propia (Piqué, Silva), otros por lesión (Asensio) y otros, muchos, porque no han cumplido con lo que prometieron (Koke, Isco). Así las cosas, no se intuye un panorama mínimamente optimista para España, a la que ni siquiera la suerte acompañó.

Moreno, sin ataduras con nadie pues ha llegado virgen al cargo, dispuso varios cambios respecto al partido de Noruega. El más llamativo fue el de la portería, donde De Gea fue titular por segunda vez con el seleccionador, por primera vez en un partido trascendente (la otra fue contra las Islas Feroe). Salió bien la apuesta, porque de hecho, de no haber sido por el portero del Manchester United, España hubiera salido malherida del partido. Hizo cuatro paradas de un mérito incontestable y sólo la lesión impidió que completase una noche que le sirve, sin embargo, de reinvindicación. Al margen de la portería, la otra decisión llamativa fue la de dejar en el banquillo a Busquets, objeto de intensos debates últimamente. Tampoco en ese lugar del campo estuvo el problema de España.

Estuvo, en primer lugar, en el área contraria. En un arranque estupendo, con buena velocidad en la circulación, usando constantemente los cambios de orientación de Fabián y Thiago (otra noche intrascendente del centrocampista del Bayern), la selección debió haberse puesto por delante en la primera media hora. Un tiro de Fabián, un mano a mano pésimamente resuelto por Thiago y un remate de Gerard Moreno al que respondió Olsen con una maravillosa mano. Estaba pues España ante el espejo de su ineficacia. Había sido mejor y estaba empate a cero. Ahí se acabaron las buenas sensaciones.

Ahí comenzó Suecia a meterle velocidad al asunto y con eso desnudó a España, horrorosa en los balances defensivos y en las segundas jugadas. Cada balón al área era un suplicio y sólo De Gea sostuvo al equipo en esos momentos. Primero con un paradón tremendo a remate de Quayson, y luego con dos manos prodigiosas en dos barullos. De hecho en el gol, ya en el segundo tiempo, el portero hizo dos paradas inverosímiles hasta que Berg, a la tercera y debajo de la línea de gol sin oposición, puso por delante a los suecos. A España no la mejoraron los cambios en nada, y en los 40 minutos siguientes dispuso de alguna acción aislada, especialmente en centros laterales y en algún saque de esquina. Pero no tuvo ni el corazón ni la calidad para empotrar a los suecos contra su portería. Esta selección no tiene las cosas claras ni con el balón ni sin él. Con la pelota, salvo ratos aislados, es un equipo previsible, horizontal y al que le cuesta romper líneas con balones por dentro. Sin ella, es un equipo descolocado, demasiado sencillo de desmontar a nada que el rival hace un par de cosas ordenadamente. Quedan ocho meses para el comienzo de la Eurocopa, tiempo de sobra para mejorar, pero tampoco convendría ignorar un asunto: la materia prima es la que es.

Más información: El Mundo.