Vinicius y Rodrygo rescatan al Madrid.


Vinicius y Rodrygo rescatan al Madrid.

Cuando entra en Champions, al Madrid le cubre, le llega el agua muy arriba. Dificultades serias con el Inter en la segunda parte. De nuevo, sensación de agotamiento, de crujimiento de estructuras y, a la vez, la capacidad para reencontrarse en la agonía, con la aparición de los preteridos Vinicius y Rodrygo, que hicieron un relámpago de jugada en el 3-2.

Mucha seriedad desde el principio. El Madrid comenzó muy bien, con una gran ocasión de Asensio y varias llegadas por la derecha de Valverde, convertido en el primer gran argumento ofensivo del equipo, pues luego tendría otra clara oportunidad como llegador tras una aterciopelada dejada de Benzema.

Presión por presión, se atisbaba una mayor precisión en las combinaciones del Madrid, pero había mucha igualdad: de tensión, de posesión… Así, el Inter respondió con una contra de Achraf para Perisic y con un gran tiro de Lautaro que encontró a Courtois muy preparado, como ya es costumbre en él. Era, a la altura del minuto 10, la presentación del Inter, grande europeo, introduciendo algo de congoja en el buen comienzo del Madrid.

Conte seguía el partido con su catálogo de gestos al borde de la ira, como si en la otra banda alguien le debiese dinero. La sensación de mayor calidad en el toque madridista pasó de intuición a evidencia en el 23, con el error de Achraf, que cedió mal a su portero. Benzema lo advirtió, salvó a Handanovic con garbo y marcó a placer.

Grandes argumentos del Madrid: Valverde como nuevo llegador (Vidal, su par defensivo, iba loco), Benzema y luego Ramos, que cabeceó poco después un córner para el 2-0. Giró el cuello como si el portero fuera el padre Karras. Cuando se empezaba a dudar de la calidad de Inter, o de su entereza, se enganchó al partido con una jugada rapidísima y muy inesperada, una asistencia de tacón de Barella para Lautaro, libre por un exceso de anticipación de Ramos, que hasta entonces le había controlado con suficiencia.

Se notaba en la primera parte que el Inter, sin Lukaku, pierde el norte de su fútbol mecanizado. Es como un paisaje alpino sin alpes, un valle sin montaña. Sin embargo, esa combinación a la remanguillé reavivaba el partido antes del descanso.

La evolución del fútbol se refleja en sus comentaristas. Del verbo floripondioso de épica castellana o de tacticismo latinoché, se pasa a un lenguaje técnico que prescinde del artículo, una koiné entre Antic (qepd) y Lillo, lleno de «bloques altos» y de «atacar área». Un lenguaje que parece responder a la mayor velocidad del juego, como si no diese tiempo a articular palabra.

La segunda mitad trajo un ímpetu nuevo en el Inter, más adelantado y ofensivo. A cambio, el Madrid vería espacios nuevos. Ese Inter embravecido encontró el picador del toque madridista, ese toque-sopor que busca adormilarlo todo. No fue suficiente. Había movimientos coordinados del Inter, rápidos y simples, de equipo muy entrenado. Se notaba la importancia del partido y el viril desempeño porque los gritos de los futbolistas eran distintos a los de Liga. Gritos de dolor, alaridos que rompían el silencio de Valdebebas. Era audible incluso el spray del linimento.

La presión del Inter era fuerte y el Madrid sufría. El 4-3-3 temblaba como un cucurucho veraniego. Conte, uno de los primeros y más serios excalvos, demostraba su genio, su aquí-estoy-yo. Pero Zidane no cambió el sistema, lo refrescó con Vinicius y Rodrygo. En el 66 hubo una buena ocasión, punterazo de Lucas, casi lo único del Madrid, y al poco, un balón largo para Lautaro, con Ramos desconcertado, acabó en Perisic, viejo conocido, que marcó con clase el empate. La defensa del Madrid era corrompida socialdemocracia mediterránea y el gol hacía justicia al juego del Inter, más hecho, más duro, más claro de ideas. El Inter, compacto y rápido como una idea anfetamínica, pudo marcar el tercero en un palo de Lautaro o en una contra de Perisic. El empate era ya mucho premio para el Madrid. Cansados, jadeantes los madridistas, ¿cómo verían las rayas en zigzag de las camisetas interistas? Sería como un efecto óptico, como chiribitas tácticas.

Y en ese momento, ¡la zidanada feliz! Valverde combinó con Vinicius, que rapidísimo se la pasó a Rodrygo, marcando de primeras. Jugada supersónica. El gol a la vez le daba la razón y se la quitaba a Zidane. Gol salvador y reivindicativo de los jóvenes brasileños, que junto a Valverde alcanzan una velocidad superior. Benzema aún falló una de Mister Bean, ¡pero con qué clase! Vinicius le dio vida a un Madrid moribundo. Dudar de él debería aparejar la retirada del carné de socio, periodista o entrenador.

Más información: ABC SEVILLA.